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Carles Pastor

22 Nov. 2016

Zorro rojo

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Mamíferos esotéricos

Mamíferos que empiezan por:
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Felinos

Gato negro
Mitos y leyendas: A través del tiempo y los países existen innumerables leyendas de gatos, leones, tigres y otros felinos con características míticas o legendarias. Los egipcios consideraban al gato como un ser divino. La diosa Bast era representada con cabeza de gato. Se les solía embalsamar y se han encontrado muchas momias. Sin embargo en la Edad Media la fama del gato cambió considerablemente, se le consideraba unido a seres diabólicos, vinculado con brujos y hechiceros, y numerosas supersticiones se refirieron a él. La más famosa consiste en la mala suerte que atrae el cruzarse con un ejemplar negro. En ciertos lugares de china se considera al tigre como un animal sanador, por este motivo los padres suelen hacer el símbolo del tigre en las cabezas de sus hijos para evitar que se enfermen o decoran las habitaciones con las imágenes de los tigres, confiándoles la protección de sus hijos. Los griegos decían que la diosa Diana lo había creado para ridiculizar al león, creado por su hermano el Dios Apolo. En la cultura hebrea se cuenta que antes del diluvio, Noé embarcó a todos los animales vivientes, y no pudo incluir a ningún gato puesto que no existían. Cuando comenzaron a navegar en medio de la lluvia torrencial, las ratas y los ratones empezaron a consumir las provisiones, que pronto empezaron a escasear. Noé desesperado, rogó entonces a Dios que le enviara los medios para solucionar este problema y Dios le envió un remedio inesperado: el león empezó a estornudar y de sus narices salieron gatitos pequeños que enseguida empezaron a cazar los ratones para solucionar el “problema”. Los egipcios consideraban al gato como un ser divino. La diosa Bast (Bastet) era representada con cabeza de gato. Su culto se realizaba en la ciudad de Bubastis, donde había un cementerio con gatos momificados. El historiador griego Herodoto comentó que en el país del Nilo, cuando estallaba un incendio, lo primero que hacían sus habitantes era salvar a los gatos y que si alguien mataba a uno de ellos, era condenado a muerte. En la Edad Media, la suerte del gato cambió considerablemente. Se le consideraba unido a seres diabólicos, vinculado con brujos y hechiceros, y numerosas supersticiones se refirieron a él. Se creía que si se ahogaba a un gato, su dueño sería desgraciado durante 7 años, o si el animal se sentaba en el altar antes del matrimonio, el matrimonio sería desdichado y efímero, o si se cruzaba un gato negro, era seguro que ocurriría una desgracia. El Papa Inocencio III dio una orden de exterminar a todos los gatos y a sus dueños. Felizmente, tan tremendo mandato no se cumplió del todo y muchos consiguieron salvarse. Louis Pasteur, el inventor de la vacuna antirrábica, afirmó que el gato que era el animal más limpio y más desprovisto de virus y bacilos. Para los celtas, los ojos del gato representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas. Una leyenda oriental cuenta que los gatos siameses tenían la misión de proteger las ánforas llenas de oro en los templos dedicados a las divinidades. Cumplían tan bien su misión que, a fuerza de mirar la vasija, sus ojos se volvieron extrávicos y la cola, que sujetaba firmemente las asas, se retorció. Para controlar a las ratas a bordo de los barcos, los armadores del siglo XVIII decidieron embarcar gatos. Allí donde naufragaban los barcos, los gatos solían escapar con vida. Esto explica cómo los felinos domésticos han llegado a lugares tan dispares como la isla de Marion, en la zona sub antártica, o a las islas Galápagos. Entre los galos, se castigaba la muerte de un gato con el equivalente de una oveja y su cordero, o a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del gato suspendido por la cola, con el hocico tocando el suelo. Los egipcios inoculaban a los gatos algunas gotas de su sangre para protegerles de las enfermedades y los malos espíritus. Estaba prohibido matar a un gato, bajo pena de muerte, y cuando el gato moría, los egipcios se afeitaban las cejas en señal de duelo. Entre los machica, pueblo predecesor de los incas, el gato era considerado una divinidad de orden superior. Significado esotérico: Soñar un gato anuncia mala suerte si no se le mata; pero si en el sueño lo mata o lo hace huir, entonces indica éxito en los asuntos que se estén manejando y sobre los enemigos que se tengan. Soñarse atacado por un gato insinúa que pronto los enemigos darán la cara dañándolo seriamente tanto en su prestigio como en sus valores económicos. Soñar que se atraviesa en el camino un gato sucio y famélico insinúa para el futuro inmediato tristezas y enfermedades en la familia. Soñar que ve u oye que un gato araña la puerta advierte que los enemigos están tratando de perjudicar al soñante. Si el gato se restriega contra sus piernas, insinúa que está rodeado de hipocresía. Cuando una mujer se sueña cargando y acariciando a un gato, insinúa que alguien la está aconsejando mal en cuanto a sus asuntos sentimentales. Soñarse perseguido por un gato pinto o amarillo insinúa que el soñante se inmiscuirá en intrigas y situaciones embarazosas que lo perjudicarán. Soñar un gato y una serpiente en relaciones amistosas es el peor de los sueños y presagios, y lo mejor que puede hacer es vigilar cuidadosamente alrededor para saber de qué se trata. Se dice que este sueño en ciertos casos indica espionaje industrial, o político o militar. El gato es un símbolo femenino, tanto por su natural manera de ser como porque es un animalito consentido de muchas mujeres; en consecuencia, cuando un hombre sueña gatos insinúa la presencia de mujeres en el sentido sexual. Una mujer que sueñe uno o más gatos blancos y bonitos es aviso de que hay intereses ajenos y egoístas que intentan perjudicarla, pero que ella podrá acabar con las intrigas. Si los gatos del sueño son feos, flacos, y peor si son negros, indica que los riesgos son mucho mayores. En general, soñar gatos simboliza problemas diversos en el cercano futuro.